martes, 23 de diciembre de 2008

Toña


Salió de su pueblo natal oaxaqueño, siendo una adolescente.... llegó a la ciudad de México, sin hablar bien el español.


Desde niña, trabajaba de sol a sol, mal comiendo y pasando fríos en las noches, porque como tanta y tanta gente de nuestro país, los padres apenas y les podían ofrecer de medio comer. Le faltó ir más años a la escuela; en la de su pueblo, la alfabetizaron y aprendió a hacer cuentas, para poder subsistir.


Desde que vino a la gran ciudad, comenzó a trabajar en casas, como ayudante doméstica y lo que ganaba lo enviaba a casa de sus padres, para ayudar a la manutención de sus hermanos... con el tiempo pudo ayudarles a construir una casa “de material”, como dicen allá.


Un paisano la embarazó y tuvo, siendo muy jovencita a su primera hija, a la que dejó al cuidado de sus padres para regresar a seguir trabajando y mantenerla.


Pasó el tiempo y se enamoró de un hombre que conoció en la capital, con el que se fue a vivir. El segundo hijo que ella parió, falleció, y después tuvo tres hijas que son su alegría y a las que sacó adelante, con una semi ayuda del padre de ellas.


Tiempo después supo que el hombre tenía familia y ella decidió vivir sola con sus hijas y allí iba, a trabajar, llevando tres niñas a la escuela y después yendo por ellas... les dio educación y, sobre todo, fortaleza... las tres son mujeres de bien, ya madres de familia.


Cuando su hermano falleció, se hizo cargo de uno de sus tres sobrinos, al que ha cuidado como hijo propio.


Esta mujer, de quien me siento orgullosa de conocer y apreciar, es Toña, una parte esencial de mi familia.



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