sábado, 24 de enero de 2009

Artículo de "La Jornada" de hoy

Hoy, leyendo el diario la Jornada, encontré este artículo, que no necesita más explicación y no puedo dejar de ponerlo aquí, en el blog, porque es un ejemplo a seguir.

Consigue doctorado en ciencias a los 88 años

“Hoy cierro un capítulo más; no hay edad para estudiar”, expresa Concepción Torres Villarreal

Laura Poy Solano

Concepción Torres Villarreal durante su examen profesional para obtener el doctorado en ciencias biológicas. La académica recomienda a las mujeres: "luchen por alcanzar lo que desean; no hay ningún obstáculo que encuentren en la vida que no puedan destruir" Concepción Torres Villarreal durante su examen profesional para obtener el doctorado en ciencias biológicas. La académica recomienda a las mujeres: “luchen por alcanzar lo que desean; no hay ningún obstáculo que encuentren en la vida que no puedan destruir” Foto: Cortesía UNAM

En 1949, Concepción Torres Villarreal obtuvo la licenciatura en biología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y ayer cumplió uno de sus más caros sueños: graduarse de doctora en ciencias biológicas, a los 88 años. Feliz, aunque un poco agotada por el esfuerzo, una vez concluido el examen profesional, ratificó su compromiso: “seguiré siempre interesada en la biología, y en especial en la genética”.

Durante el medio siglo que cumplió en la actividad docente todo mundo la ha llamado Conchita. Ayer colegas y familiares se dirigían a ella como doctora. Para lograr ese grado se preparó con los créditos correspondientes y defendió la tesis La enseñanza de la biología en el nivel medio superior (bachillerato) ante un jurado compuesto por reputados académicos: los doctores Juan Luis Cifuentes, ex director de la Facultad de Ciencias, Irama Núñez y su asesora Ana Barahona Echeverría.

Con una figura frágil que es sólo apariencia, elegante, se le vio muy concentrada en que su objetivo al acudir a la Ciudad Universitaria no era otro que obtener el grado de doctora en ciencias. Estuvo más de dos horas frente a los sinodales, y argumentó no sólo con referentes teóricos, utilizados para elaborar su tesis, sino además con todo lo que le dejaron 50 años de práctica docente en la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y en el Colegio de Bachilleres.

Por eso, cuando se corrió la voz de que se daba a sí misma el gusto de alcanzar una nueva meta, de pronto se vio rodeada de periodistas y fotógrafos. Y aceptó responder, un tanto sorprendida porque a otros les resultara relevante algo que para ella era sólo parte de un proceso de aprendizaje ininterrumpido durante seis décadas.

“Gracias a la universidad he cumplido muchos sueños en mi vida, y hoy cierro un capítulo más, porque no hay edad para estudiar”, declaró con voz bajita, mientras sus cercanos aguardaban para festejarla.

Cuando terminaba con una de las muchas entrevistas que le hicieron, no podía evitar el sarcasmo: “por favor, ¡ni un periodista más!”, le decía a una muy orgullosa integrante de su prole, compuesta por cuatro hijos, 14 nietos y 11 bisnietos.

Maestra jubilada en 1976 de la ENP, y de Bachilleres en 1995, la doctora Torres dijo sentirse “muy satisfecha” de todas las metas alcanzadas. Contó que hace un año decidió retomar sus estudios de doctorado, en los que “ya había avanzado en la elaboración de mi tesis; y aquí estoy, concluyendo una nueva etapa”.

Con la medida muy clara sobre el significado de su logro, enviaba también un mensaje a otras mujeres: “luchen por alcanzar lo que desean, y así lo pueden alcanzar; no hay ningún obstáculo que encuentren en la vida que no puedan destruir”.

Evocó su paso como estudiante de licenciatura en la Facultad de Ciencias, a mediados de los años 40 en el siglo pasado. Era, ciertamente, una escuela con pocos estudiantes.

“Éramos poco más de 30, pero yo no era la única mujer. De hecho, la biología era una de las ciencias donde más alumnas se graduaban”. Ya titulada, Conchita participó en la campaña contra la oncocercosis, en 1949, año en que también ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) como ayudante de laboratorio.

Fue hasta que se abrieron nuevos planteles de la ENP cuando obtuvo el nombramiento definitivo como maestra en la escuela preparatoria número cinco José Vasconcelos, en Coapa, al sur de la ciudad. “En esa época había puros establos por el rumbo, pero de todas manera llegué muy contenta a dar clase. Más tarde impartí cátedra en la preparatoria número siete, Ezequiel A. Chávez, en La Viga. Como profesora en la preparatoria trabaje 30 años, de 1946 a 1976, que fue cuando me jubilé”, refiere.

Pero a Conchita ese hecho no fue sino el fin de una etapa, porque de inmediato entró a dar clases en el Colegio de Bachilleres. Y pasó ahí otros 19 años. Fue en esta etapa cuando realizó estudios de maestría y le despertaría el interés por alcanzar el doctorado, precisamente en su alma mater, la UNAM.

Juan Luis Cifuentes Lemus dijo que la nueva doctora –quien nació el 27 marzo de 1920– “es un ejemplo de tesón, de una persona que luchó hasta llegar a su meta, sin importar que tiene 88 años. Esos son los ejemplos que requerimos para los jóvenes”.

Ufano, quien es además de colega compañero de generación de ella, narró: “La conocí primero como estudiante de biología y más tarde fuimos colegas en la ENP. Siempre trabajó mucho para formar a sus alumnos y es sin duda una de las profesoras que más enseñó a los jóvenes a querer a los seres vivos. Muchos de sus ex alumnos, cuando la vean en los medios de comunicación, dirán: ‘fue mi maestra’, y seguramente serán doctores, veterinarios o biólogos”.

La ubicó además como un “ejemplo de constancia, pero también de lo que hace la universidad pública por sus estudiantes, que nunca los olvida, porque en ninguna universidad privada se ve esto, porque se pagan cuotas. Sólo las instituciones públicas impulsan una trayectoria académica hasta el final. Por eso debemos defenderlas”.

viernes, 2 de enero de 2009

Tía Sonrisas

¿Imaginan a una mujer de cerca de 80 años aprendiendo a tocar el acordeón?... Yo la conocí, era prima de la abuela paterna de mis hijos.


Toda su vida la dedicó a lo que la mayoría de las mujeres de la primera mitad del siglo pasado hacían, a tener hijos y a cuidarlos, junto con el marido quien, finalmente, se convierte en el mayor de los hijos.


Tenían muchos hijos, muchos años trabajando y poco dinero... recuerdo que ella hacía exquisitos tamales, que luego vendía. Uno de sus hijos, por cierto, aprovechó la enseñanza y dirige, actualmente, un negocio de comida empacada, que vende en los supermercados.


Cuando su marido, después de años de enfermedades, murió, ella (la tía sonrisas), que ya tenía cerca de setenta o setenta y cinco años, buscó relacionarse con gente de su edad y encontró (gracias al que hoy se llama INAPAM) un lugar en donde daban clases de música a los adultos mayores. Así pues, se compró su acordeón y aprendió a tocarlo... la última imagen que tengo de ella es, ya pasados sus ochenta, tocando el acordeón, en una fiesta familiar, y con una enorme sonrisa en la boca.


viernes, 26 de diciembre de 2008

Laura


Nació en una tradicional familia mexicana... su madre, una mujer que aparentaba debilidad, educada a la antigua, era del tipo “sumisa”. Sin embargo, a su hija menor la educó de tal forma, que sólo una mujer fuerte e inteligente puede hacerlo.


El resultado es que Laura ha luchado toda su vida por lograr las metas que se ha trazado... su matrimonio duró, porque ella era el pilar en la familia y porque ella era quien daba la fuerza para todo, hasta que se cansó de los engaños de su marido, de la poca cooperación, en todos los sentidos y decidió terminar con algo que, en lugar de ser su felicidad, era ya un lastre.


Tiene dos carreras, la segunda la estudió, partiéndose entre sus deberes como madre y esposa y su trabajo como maestra. Es inquieta y cuando la asalta una duda, se mete a fondo a investigar. Es una excelente “danzarina”, porque disfruta el bailar, como su mayor recompensa en la vida.


Adora a sus hijos, a quienes ha educado para que respeten los tratos pactados y, cuando no lo han hecho, ella (así se le parta el corazón) los hace reflexionar, aunque para ello tenga que alejarlos de su regazo.


Trabajadora, alegre, comprometida, solidaria, me hace sentir orgullosa de ser su amiga y ahora está enamorada, con todo el corazón... tiene en su “I Phone”, todas las fotos inimaginables de ese hombre que le robó el corazón, un hombre, con la belleza más grande que le dan sus escasos dos años... es su nieto y se adoran mutuamente.


Laura, una mujer moderna, mujer del siglo XXI y una querida amiga para mí.


martes, 23 de diciembre de 2008

Toña


Salió de su pueblo natal oaxaqueño, siendo una adolescente.... llegó a la ciudad de México, sin hablar bien el español.


Desde niña, trabajaba de sol a sol, mal comiendo y pasando fríos en las noches, porque como tanta y tanta gente de nuestro país, los padres apenas y les podían ofrecer de medio comer. Le faltó ir más años a la escuela; en la de su pueblo, la alfabetizaron y aprendió a hacer cuentas, para poder subsistir.


Desde que vino a la gran ciudad, comenzó a trabajar en casas, como ayudante doméstica y lo que ganaba lo enviaba a casa de sus padres, para ayudar a la manutención de sus hermanos... con el tiempo pudo ayudarles a construir una casa “de material”, como dicen allá.


Un paisano la embarazó y tuvo, siendo muy jovencita a su primera hija, a la que dejó al cuidado de sus padres para regresar a seguir trabajando y mantenerla.


Pasó el tiempo y se enamoró de un hombre que conoció en la capital, con el que se fue a vivir. El segundo hijo que ella parió, falleció, y después tuvo tres hijas que son su alegría y a las que sacó adelante, con una semi ayuda del padre de ellas.


Tiempo después supo que el hombre tenía familia y ella decidió vivir sola con sus hijas y allí iba, a trabajar, llevando tres niñas a la escuela y después yendo por ellas... les dio educación y, sobre todo, fortaleza... las tres son mujeres de bien, ya madres de familia.


Cuando su hermano falleció, se hizo cargo de uno de sus tres sobrinos, al que ha cuidado como hijo propio.


Esta mujer, de quien me siento orgullosa de conocer y apreciar, es Toña, una parte esencial de mi familia.



martes, 9 de diciembre de 2008

Abuela


Hace 89 años que nació, el 20 de noviembre de 1919... hija de don Arturo Téllez Villaseñor (originario de Mixcoac) y de doña Francisca Pérez Sala (originaria de Barcelona, España). Carmen le pusieron y es mi mamá.

Es una mujer extraordinaria. Inteligente, progresista, solidaria y cálida. Sus hijos estamos muy orgullosos de esta mujer que en la primera mitad del siglo pasado hizo una maestría en Letras Modernas, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde también trabajaba y donde conoció a mi padre, del que se hizo novia en 1945 y con quien se casó en 1949.

Soy su hija mayor y me tuvo a mí y a tres hermanos, que le dimos 6 nietos que también la quieren y admiran, como nosotros, los hijos. Fue madre a los 30 y abuela a los 57, después de jubilada.

Enviudó hace cuatro años y ha vivido sola desde entonces; lee todos los días el periódico “La Jornada” (sus columnas predilectas son la de Julio Hernández y la de los viernes, de Luis Javier Garrido) y la revista Proceso, ambas publicaciones las lee con plumón en mano, para corregir faltas de sintaxis u ortografía, porque sigue siendo maestra de español y detesta los errores de este tipo. Hace un año, aproximadamente, empezó a meterse al mundo de las computadoras (específicamente al de la internet) y es una alumna, asustada de la tecnología, pero aplicada y tenaz.


“Abuela”, como le gusta que le digan sus nietos, ya quiere ser bisabuela. Hasta hace poco salía sola a todos lados, pero ya no se siente muy segura, por sus huesos, que ya no están en las mejores condiciones, Tiene enfisema pulmonar y ya no es bueno que siga viviendo sola, y la suertuda soy yo, porque, para mi fortuna, muy pronto volveremos a vivir juntas.



viernes, 5 de diciembre de 2008

La Florista

Cuando regresaron de Cuernavaca, después de la boda de su hijo y vió a su hija irse con el novio, con quien ya se quedaba varias veces a la semana, Patricia se sorprendió a sí misma, dando vueltas por una casa que, en ese momento, sintió demasiado grande, enorme, desoladoramente inmensa.


Hacía diez años que la compraron, cuando aún no sobrevenía ese divorcio tan desgarrador para ella. Dos años después de comprarla, llegó el cáncer que obligó al médico a vaciarla... se quedó sin matriz, sin ovarios y con una menopausia quirúrgica a cuestas. Había transcurrido medio año cuando vino la cirugía a corazón abierto y, semanas después, el enfrentamiento con la verdad... su matrimonio se había terminado.


Si una está sola, por algunos días, las reflexiones vienen a la mente y se hace inevitable un balance de lo que se ha vivido, se ha hecho, se ha dejado de hacer y ello lleva a tomar decisiones, que fue lo que Patricia hizo, al darse cuenta de que, casi ocho años antes, cuando tuvo que decidir separarse de su marido y comenzó a ser la jefe de esta nueva familia que componían sus dos hijos, Diego y Carla, hizo muchas cosas para sobrevivir... y se rió, sin ganas, pensando que, tras haber dejado una carrera de años, después de las enfermedades, operaciones y demás, se dedicó a buscar, a tontas y a locas, alguna actividad que, al mismo tiempo, le permitiera distraerse y recibir un dinero que serviría para su vejez. Así pues, entró al negocio de la compra y venta de casas, administró edificios, vendió afores, plata y seguros (que es lo que estaba haciendo hasta ese día)... pero en esos ocho años, además de no ganar más que unos cuantos pesos, tampoco sentía que su espíritu estuviera bien alimentado. Afortunadamente, su exmarido le estaba dando una muy razonable pensión, con la que vivía, con ciertas comodidades. Pero eso no es lo que ella buscaba en esta vida. Lo que necesitaba, de manera apremiante, era hacer algo que la vivificara, que la hiciera sentirse vigente, útil, y feliz.


Estaba en esa circunstancia, cuando el azar la hizo descubrir algo que la entusiasmó, como no lo hubiera pensado... una escuela de diseño floral.... Si, eso mismo, un lugar en el que se estudia para crear arte en flores. Esa idea la enamoró de tal forma que se dio a la tarea de investigar dónde, cómo y cuándo podía iniciar... así, dos semanas después se estaba inscribiendo y un mes más tarde, iniciando su nueva historia... la historia de la florista.



jueves, 27 de noviembre de 2008

Mi amiga "cuenta cuentos"

Una amiga asegura que uno es lo que hace en el momento presente. Y tiene razón.

Ella, mi amiga de toda la vida, es una exitosa radióloga que trabajó años para el sector salud, hasta que se jubiló, no hace mucho. Tiene una hija que está a punto de emprender el vuelo y un matrimonio de más de 30 años.

Además de dedicarse a la medicina, siempre pintó y es buena en esa labor. Y, hoy día, escogió dedicarse a leer cuentos en una biblioteca... es decir es hoy en día, mi querida amiga "cuenta cuentos". ¿Creen ustedes que esta amiga cuenta cuentos resentirá el síndrome del nido vacío?... Estoy segura de que no.





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